Lesiones del ligamento lateral del tobillo.
¿Pueden clasificar mi esguince sin realizarme una radiografía?
La articulación del tobillo es la segunda más propensa a sufrir lesiones en el deporte, y el esguince de tobillo es la lesión más común dentro de esta articulación.
El tipo más frecuente de esguince de tobillo es la lesión del ligamento lateral, que representa aproximadamente el 85% de todos los esguinces de tobillo. Por ello, vamos a profundizar en este tema.
Incidencia y factores de riesgo
Según estudios realizados entre 2002 y 2006 en EE.UU., la incidencia del esguince de tobillo fue de 2,15 por cada 1.000 personas-año en la población general. La mayor incidencia se observa entre los 15 y 19 años. En cuanto a las actividades que provocan estas lesiones, casi la mitad ocurren durante deportes de impacto como el baloncesto y el fútbol.
Uno de los aspectos más preocupantes es la alta tasa de recaída, que alcanza un 17% en un plazo de dos años, siendo aún mayor en deportes de alto riesgo como el baloncesto, donde se han reportado tasas de hasta el 73%.
Anatomía del tobillo
Para comprender mejor los esguinces, es importante repasar la anatomía del tobillo:
- Nivel óseo: La articulación del tobillo está formada por la tibia, el peroné, el astrágalo y el calcáneo, divididos en dos articulaciones:
- Tibioastragalina: Compuesta por la tibia, el peroné y el astrágalo.
- Subastragalina: Formada por el astrágalo y el calcáneo, separados del escafoides tarsal, cuboides y cuñas por la articulación mediotarsiana o de Chopart.
- Nivel ligamentoso: Los huesos del tobillo están conectados por una red de ligamentos. En el complejo ligamentoso lateral, el ligamento que más se lesiona es el ligamento talofibular anterior (LTFA).
Además de los ligamentos, el tobillo está recubierto por tendones, tejido capsular, tejido fascial y piel.
Con este repaso hemos abarcado tres factores clave que determinan la estabilidad del tobillo:
- La congruencia ósea y el ajuste de las superficies articulares bajo carga.
- Las restricciones ligamentosas y capsulares.
- Las unidades musculotendinosas circundantes.
¿Qué es un esguince de tobillo lateral?
Un esguince de tobillo lateral consiste en la rotura parcial o total de los ligamentos laterales del tobillo. Además de los ligamentos, otras estructuras pueden verse afectadas tras una lesión por inversión excesiva, lo que puede contribuir a dolor crónico, inestabilidad y limitaciones funcionales.
Clasificación del esguince de tobillo
Los esguinces de tobillo se pueden clasificar según distintos sistemas. Uno de ellos se basa en la afectación de un solo ligamento:
- Grado I: Ligero estiramiento y daño a las fibras del ligamento.
- Grado II: Desgarro parcial del ligamento.
- Grado III: Rotura completa del ligamento.
Sin embargo, dado que el tobillo está compuesto por múltiples ligamentos, este sistema no siempre es preciso. Por ello, se emplea también una clasificación funcional, que se enfoca en el impacto clínico y la movilidad del paciente:
- Grado I: Hinchazón y dolor mínimos, con poco impacto en la función.
- Grado II: Hinchazón, dolor moderado, reducción del rango de movimiento e inestabilidad.
- Grado III: Hinchazón y dolor severos, pérdida de función e inestabilidad significativa.
Esta clasificación se complementa con pruebas objetivas como:
- Medición de la hinchazón con la técnica de figura de 8.
- Test del cajón anterior.
- Localización de zonas sensibles.
Una duda común de los pacientes es: «Me han dicho que tengo un esguince de grado II, pero no me han hecho una radiografía. ¿Pueden clasificar el esguince sin una placa?»
Surge ahí la esta duda ¿Es necesario realizar una radiografía para clasificar un esguince?
Según lo que hemos visto, la clasificación de un esguince de tobillo se basa principalmente en la exploración clínica y los signos funcionales. Las radiografías sólo son necesarias cuando se sospecha una fractura o una lesión ósea significativa, según criterios clínicos como las reglas de Ottawa.
En resumen, los esguinces de tobillo son lesiones frecuentes, especialmente en deportistas. La comprensión de su clasificación es clave para una evaluación adecuada y un tratamiento eficaz. En la mayoría de los casos, no es necesario recurrir a pruebas de imagen para determinar la gravedad del esguince, sino que una evaluación funcional bien realizada proporciona suficiente información para establecer el tratamiento adecuado e incluso reducir el riesgo de recaída.
Bibliografía:
J Orthop Sports Phys Ther. 2013;43(9):A1-A40. doi:10.2519/jospt.2013.0305